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Cuando los hijos se enferman

27 julio, 2017
Cuando los hijos se enferman

Escribo esta entrada mientras tomo mi café de la tarde y pensando sobre esos estornudos que mi hijo vienen dando desde la mañana.

La verdad cada que estornuda o comienza con moco, una sensación de incomodidad recorre mi cuerpo y me deja con la duda: ¿se va a enfermar?

No es que esté como paranoica cada vez que estornuda, pero cuando lo hace más veces de lo habitual y me acerco a ver esos ojitos entrecerrados, medio rojizos que me indica que es algo más que sólo estornudos, siento que el mundo se me viene encima. Okey, sé que podría ser sólo gripa y que debo dar gracias de que no es algo grave, pero sea como sea, una enfermedad, así sea gripe, nos mantiene angustiadas mientras se nos va la vida en verlos débiles, sin ganas, llorando, sintiéndose mal y nosotras sin poder evitarlo más que atinar a llevarlo al pediatra y que los medicamentos se encarguen de lo demás.

Pero yo no puedo decir solamente “ay, ya se le pasará”, porque cuando los hijos se enferman, una se siente impotente, con angustia de verlos indefensos, deseando que la enfermedad se nos pase a nosotras.

Yo recuerdo que cuando mi pollo se enfermo de salmonela, la pasamos realmente mal. La pediatra nos dio el diagnóstico, y creanme que para mí fue devastador porque sentí que yo tenía la culpa. Repasé todo lo que hice esos días para ver con qué cosa tuvo contacto que lo haya contagiado y me pregunté muchas veces si la limpieza de mi hogar era suficiente (y que conste que soy algo maniática con ese tema) y tenía que ser más pulcra con todo. Pudo haberlo agarrado <<de por ahí>>, pero de todas maneras una se juzga de más.

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Fue la peor semana de mi vida. Mi pollo tenía un añito, súper chiquito, sintiéndose mal, llorando y abrazándome porque no sabía qué le pasaba, las temperaturas, el vómito y demás, fueron realmente devastadoras para mi corazón de madre.

Gracias a dios se repuso en una semana con sus medicamentos y cuidados de mamá y papá, pero aún lo recuerdo y siento horrible. Nunca nadie desea que sus hijos se enfermen, todas hacemos hasta lo imposible porque no suceda, pero es inevitable, además, tiene que enfermarse para hacer defensas necesarias.

Yo no soy de las que tengo a mi pollito tapado todo el tiempo, ni cualquier aire nos asusta, y creo que por eso Mateo casi no se enferma, y cuando lo hace se recupera en 3 días; aún así, las veces que pasa más de tres días, es porque se enfermó fuerte y yo tengo que ser fuerte también.

Sé que ahora que entre al Kinder, probablemente las enfermedades estén a la orden del día, y yo estaré aquí dándole mis mis brazos para sanarlo y apapacharlo (sino pa’qué están).

De cualquier manera, siempre es bueno saber que hay personas que la están pasando realmente mal para así poder evaluar la manera en que reaccionamos con algunas situaciones que pueden ser sólo pasajeras, de hecho, la simple gripe en bebés recién nacidos o antes del año, requiere cuidados más precisos, pero sea como sea cuando somos mamás, todo lo que le pase a nuestros hijos pareciera que también nos pasa a nosotras, es ese vinculo inigualable que tenemos con ellos que nos hace velar por su protección.

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En fin, se enfermará, eso lo sé pero también sé que por más preparada que esté, siempre tendré esa angustia en mi interior con un tanto de preocupación, porque sí… soy mamá.

 

 

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